Oración de inicio.
Nos ponemos en la presencia del Padre, ofreciéndole los afanes de la semana que termina: nuestro trabajo, las actividades del centro espírita que frecuentamos o, si no es el caso, del grupo espiritual o comunidad de referencia en que nos movamos, las tareas en el hogar y las buenas cosas que nos hayan pasado estos días. Sabiéndonos convocados por el maestro Jesús, pedimos a nuestro ángel de la guarda y espíritus mentores de nuestro hogar, que nos acompañen durante este día y esta semana que comienza para procurar ser un poquito mejor. Que así sea.
Evangelio del día (cfr. Mateo 24, 37-44).
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.
Comentario espírita.
En muchas tradiciones cristianas, no sólo católicas sino también anglicanas, así como entre los ortodoxos orientales, es habitual significar de algún modo las cuatro semanas anteriores a la Navidad, llamando este período "tiempo de adviento" y cuyo inicio es el domingo correspondiente, es decir, el de hoy, al que llaman primer domingo de adviento. En los países del norte de Europa es tradicional en los hogares encender una vela de las cuatro que componen una corona adornada con hojas y frutas del bosque, que se suele colocar en una mesita y que acompaña los ratos compartidos en familia o entre amigos. La segunda semana se encenderán dos velas y así sucesivamente hasta completar las cuatro. Esta tradición se ha mundializado y me parece muy bonita, como también lo es la de los calendarios de adviento, en que cada dia ofrece un pequeño bombón o chuche, aunque los calendarios comerciales tienen un fallo: no deberían comenzar el día 1 de diciembre sino el día correspondiente al primer domingo de adviento.Todas estas tradiciones, acompañadas del iluminado de calles, en casi todas las ciudades, no deben servir para estimular nuestro apetito consumista sino para recordarnos que, la noche del 24 de diciembre (la fecha exacta es indiferente), se simboliza la encarnación de un Espíritu Puro en la Tierra, que vino a enseñarnos un camino de progreso y mejora personal por medio de la vía del amor: el nacimiento del maestro Jesús. Y, como es natural, si rememoramos la llegada de un Espíritu Puro y celebramos una fiesta por ello, qué menos que prepararnos para esa fiesta como haríamos si nos convidaran a la celebración del nacimiento del hijo de unos amigos o familiares.
Centrándonos en la lectura del Evangelio de hoy, vemos que el maestro Jesús nos repite un consejo que, en varios momentos, ya nos había dado "velad, estad preparados". Se trata de una llamada a estar alerta, a procurar que nuestros apegos a la materia no nos dominen, a tener claro que las cosas materiales son instrumentos y no fines, a no dejar anidar en nuestro corazón odios, resentimientos, sospechas o celos que hagan que nuestro patrón vibratorio descienda haciéndonos entonces similares a tantos espíritus negativos, obsesores o propios de los umbrales inferiores. "Velad" es como un buen consejo que nos puede acompañar durante estas cuatro semanas de adviento, para intentar mejorar o, cuanto menos, limar un poco nuestros defectos permanentes.Otro espíritu muy superior, Joanna de Angelis, que fuera mentora del gran medium brasileño Divaldo Franco, nos aconseja en alguno de sus libros psicografiados que procuremos el autoconocimiento. Esto significa saber identificar, precisamente, nuestro defecto permanente, porque ese defecto es el que hemos venido a limar en la presente encarnación. Y todo esto, ¿siguiendo qué modelo? Pues, quizá, la respuesta la tenemos en el punto 625 del Libro de los Espíritus en que Kardec pregunta a los Espíritus: ¿Cuál es el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre, para que le sirviese de guía y de modelo? Y los Espíritus, de manera sencilla, pero categórica, le responden «Contemplad a Jesús».
















