viernes, 28 de noviembre de 2025

Evangelio en el hogar. Viernes, 28 de noviembre de 2025. Fijaos en los árboles.


 Oración inicial.

Finaliza una semana más que quizá haya transcurrido bien, tranquilamente o, ojalá que no, con dificultades, dudas, disgustos o sufriendo ese dichoso brote de gripe que tenemos en esta época. Sea como sea, lo bueno o lo malo, son experiencias que vivimos en la presente encarnación, y en este Planeta, de las que podemos sacar una lección que nos ayudará a ser más maduros, a poner las cosas en su sitio y a saber lo que realmente vale la pena en esta vida. Pidamos a la Espiritualidad que nos intuya con las buenas ideas y sentimientos que nos ayuden en ese camino.

Evangelio de hoy. (cfr. Lucas 21, 29-33)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:

«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.

Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Comentario espírita.

Allá por el siglo XVII, Blaise Pascal, el famoso matemático, físico y filósofo francés, comentó que Dios se esconde lo suficiente para no forzar a nadie a creer, pero se deja ver lo suficiente para que lo encuentre quien lo busca con sincero corazón. Esta cita se alinea perfectamente con la doctrina espiritista: el ser humano tiene libre albedrío para decidir si cree o no cree en Dios, o si actúa bien o mal; y el propio Dios, le permite y otorga hasta la posibilidad de errar y cometer malas acciones supeditado a un bien mayor: el de la libertad.

El trocito del Evangelio que comentamos hoy es oscuro, difícil de interpretar y nos hace pensar en la cita de Pascal: la enseñanza parece estar oculta pero, si escudriñamos el texto, podremos sacar alguna idea que nos inspire en nuestra vida. Personalmente, pienso que son palabras dirigidas en clave simbólica y, por ejemplo, por "generación" no se refiere a lo que nosotros entendemos, ni eso de un cielo o tierra que pasen o, también, el concepto de "reino de Dios" del que hay libros enteros de teología pero que parece que, cuando miramos a nuestro alrededor, seguimos sin ver eso de que "el reino de Dios esté entre nosotros" a la vista de las guerras, injusticias o corrupción que constatamos en la vida pública. Quizá sigamos cometiendo el mismo error que los discípulos del maestro de hace 21 siglos y sigamos pensando en términos materiales, cuando el lenguaje de Jesús es simbólico y nos habla de conceptos que nos trascienden. Como la propia Espiritualidad.

La primera enseñanza, quizá, sea la de la necesaria humildad. Tener claro que no lo sabemos todo y que, en todo caso, es más lo que no sabemos que lo que sabemos, por lo que debemos despejarnos de todo orgullo de pensar, que porque sigamos una religión, espiritualidad o camino, ya lo sabemos todo, podemos opinar de todo o,nlobque es peor, pensar que los demás, que no piensen como nosotros, están equivocados. Eso sí que es un error.

Y, sin embargo, varias páginas atrás del mismo Evangelio, Jesús elevaba una oración al Padre dándole las gracias porque las grandes verdades "se las muestra a los humildes de corazón y las oculta a los sabios y poderosos" ¿recordáis? ¿Será entonces que, cuando no entendemos algo, los complicados seamos nosotros y el camino es el de la sencillez? Por eso quizá, hoy me voy a fijar en una frase del texto evangélico que, por sencilla, quizá pase desapercibida: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano».

Que el maestro nos diga que nos fijemos en los árboles, aparte de parecerme una imagen preciosa, me hace pensar si no nos complicamos mucho con doctrinas, pensamientos, libros o reuniones y nos olvidamos de algo tan sencillo como salir de la ciudad, ir al campo o a un parque, y fijarnos en la naturaleza. Me gusta especialmente el campo en la época en que nos encontramos, en otoño, en que los árboles comienzan a perder su follaje y los caminos aparecen llenos de hojas amarillas. ¿Sabemos disfrutar de las cosas bonitas y naturales de la vida?

Hace unos pocos días, en la mesa mediúmnica que, cada semana, celebramos en nuestro Centro Espírita, un Espíritu nos comentó algo que me pareció muy interesante: "Hermanos -nos dijo- no olviden nunca que, para ser muy espirituales, hace falta ser muy humanos". Este consejo me pareció muy acertado porque, si hablamos de espiritualidad, hay dos extremos a evitar: el del excesivo materialismo, que lleva a tantas personas a pensar que sólo somos materia, y que con la muerte todo se acaba, y el extremo del excesivo espiritualismo, que nos lleve a pensar que ya somos casi etéreos, que la materia es mala, que si esta vida es un valle de lágrimas, y cosas así. Pienso que ambos extremos son un error y que si, en palabras de Jung, "somos espíritus viviendo una experiencia material", vivamos tal experiencia sabiendo, eso sí, que la materia es una herramienta y no un fin.

Fijémonos "en la higuera y demás árboles y en que, cuando echan brotes, sabemos que llega el verano". Disfrutemos de las maravillas de la naturaleza, de una exposición de arte, de un concierto de música, de una buena comida o de un vino especial. Sí, disfrutemos, pero especialmente si todas esas bondades las sabemos compartir, hacer más felices a los demás y, siempre después, saber elevar nuestro corazón al Padre en un sincero acto de acción de gracias.


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