Oración de inicio.
Una mañana más, y sintiéndonos acompañados por los buenos Espíritus, protectores de nuestro hogar, miembros -quizá- de nuestra familia espiritual, y por nuestro ángel de la guarda, nos ponemos en presencia del Padre, dándole las gracias por todos los bienes que nos otorga, muchas veces sin ni siquiera saberlo nosotros, y pidiéndole perdón por nuestros errores o por si no estuviéramos aprovechando bien esta encarnación para cumplir nuestros objetivos de progreso, ya sea por desidia ya sea por apegos desordenados a la materia o a nosotros mismos. Pidamos pues, a la Espiritualidad que nos dé la fuerza y la sabiduría necesarias para saber que el camino de la humildad es el camino recto a seguir. Que así sea.
Lectura del día.
El Evangelio de hoy dice lo siguiente (cfr. Lucas 21, 34-36)
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estad alerta, para que los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan vuestra mente y aquel día os sorprenda desprevenidos; porque caerá de repente como una trampa sobre todos los habitantes de la tierra.
Velad, pues, y haced oración continuamente, para que podáis escapar de todo lo que ha de suceder y comparecer seguros ante el Hijo del hombre''.
Comentario espírita.
La recomendación "velad y orad" es frecuente en el Maestro. Es como si, consciente de la facilidad de apegarnos a la materia en planetas como el nuestro, necesitáramos esa alerta ya que, si nos abandonamos, vendrían "los vicios, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida material". En este sentido, en el punto 907 del Libro de los Espíritus, Allan Kardec les pregunta "Puesto que el principio de las pasiones está en la naturaleza, ¿es malo en sí mismo? A lo que la Espiritualidad le responde: "No, la pasión está en el exceso unido a la voluntad, pues su principio ha sido otorgado al hombre para el bien. Esas pasiones pueden llevarlo a realizar grandes cosas. Lo que causa el mal es el abuso que se hace de ellas".
Vemos por tanto, que las pasiones en sí no son malas pues son como palancas que duplican nuestra fuerza ayudándonos a cumplir con los designios de la Providencia, nos dirá Kardec algo más adelante. Todo ello, claro está, si no nos dejamos llevar al extremo y ese exceso pudiera ser causa de algún mal.
Ahora bien, ¿por qué nos insiste el maestro Jesús tanto en que debemos velar? La respuesta está, posiblemente, en nuestra falta de voluntad. Veamos el punto 909 del mismo Libro de los Espíritus: El hombre -o la mujer-, ¿podría en todos los casos vencer sus malas inclinaciones mediante su esfuerzo? A lo que responden los Espíritus: "Sí, y a veces mediante un pequeño esfuerzo. Lo que le falta es voluntad. ¡Ah! ¡Cuán pocos de vosotros os esforzáis!
Hace unas semanas, en un debate que tuvo lugar en nuestro centro espírita, al hilo del Estudio Sistemático de la Doctrina Espírita que hacemos los jueves, y que está abierto al público en general, una persona objetó que es realmente difícil tener una voluntad decidida y permanentemente enfocada hacia las mejores acciones, puesto que siempre estamos influidos por muchos condicionantes: nuestro pasado, nuestra educación, nuestros impulsos, nuestras hormonas, nuestros vicios, nuestras debilidades y, si creemos en ellos, la influencia negativa de espíritus de baja vibración u obsesores". Y, debo decir, que a esta persona no le faltaba la razón salvo por un pequeño matiz: no es lo mismo "influencia" que "condicionamiento".
Y es que, con mucha frecuencia, en la Mesa Mediúmnica los Espíritus nos animan a que no nos desanimemos ante nuestras caídas y errores. Lo suyo es "velar y luchar" para evitarlos pero, ante un error, lejos de cargarse con una culpa, es preciso volver empezar. Comenzar y recomenzar... ese es el truco. Y, si nos faltan las fuerzas, tenemos el segundo consejo del maestro Jesús: ¡orad!
Orar es, en estos casos, una prueba de humildad. Es decirle a Dios: "mira, yo solo no puedo pero, con tu ayuda, lo puedo todo". Tenemos además fieles aliados en nuestros trabajos que el Padre nos ha proporcionado: nuestro ángel de la guarda y los buenos Espíritus que nos ayudan. Vale la pena, en este sentido, leer el punto 910 del Libro de los Espíritus: El hombre, ¿puede encontrar en los Espíritus una asistencia eficaz para superar sus pasiones? A lo que nos responden: "Sí; si ruega a Dios y a su genio (mentor) bueno con sinceridad, por cierto que los Espíritus buenos acudirán en su ayuda, pues tal es su misión".

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