Oración inicial.
Agradeciendo a la Espiritualidad sus inspiraciones para acometer esta jornada con ilusión y con ánimo de mantener una vibración, lo más elevada posible, que nos haga ser hombres y mujeres de bien y que se traduzca en hechos prácticos en nuestra vida cotidiana, en nuestro trabajo, en el hogar, en nuestro centro espírita o por la calle, nos disponemos a comenzar esta actividad.
Evangelio de hoy. (cfr. Lucas 21, 20-28)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces, los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por los gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
Comentario Espírita.
Contrastando con la vorágine consumista que recorre nuestras calles por el "Black Friday", es habitual en esta época del año, especialmente en los días anteriores al "Tiempo de Adviento", estas lecturas en tono apocalíptico, así como de advertencia... Los comentaristas de los textos sagrados coinciden en dar una interpretación histórica a estas palabras, relacionándolas con la destrucción del Templo de Jerusalén posterior, en el año 70 dC, y consecuencia de la primera guerra Judeo-Romana. ¿Conocía Jesús de antemano este hecho? Veamos lo que nos dice el libro de La Génesis, que es uno de los libros de la codificación espiritista de Allan Kardec (cfr. Capítulo XVII, puntos 20 y 21). Los transcribo íntegramente:20. La facultad de presentir los hechos futuros es uno de los atributos del alma, y se explica por la teoría de la presciencia. Jesús la poseía, al igual que todas las demás, en un grado sobresaliente. Podía, por lo tanto, prever los acontecimientos que sobrevendrían a su muerte, sin que en ese hecho hubiera nada sobrenatural, pues vemos cómo se repite, delante de nuestros ojos, en las condiciones más comunes. No es raro que las personas anuncien con precisión el instante en que habrán de morir; eso sucede porque sus almas, en estado de desprendimiento, se encuentran como el hombre en la cima de una montaña (Véase el Capítulo XVI, § 1), abarcan el camino que deben recorrer y ven la meta.
En Jesús, eso debió ser tanto más natural cuanto que, como era consciente de la misión que había venido a cumplir, sabía que la muerte mediante el suplicio sería su consecuencia necesaria. La visión espiritual, que en él era permanente, así como la penetración del pensamiento, debía de mostrarle las circunstancias y el momento fatal. Por la misma razón, él podía prever la destrucción del Templo y de Jerusalén, al igual que las calamidades que habrían de abatirse sobre sus habitantes, y la dispersión de los judíos.
21. La incredulidad, que no admite la vida espiritual independiente de la materia, no puede comprender la presciencia, y por eso la niega, atribuyendo a la casualidad los hechos auténticos que ocurren ante sus ojos. Cabe señalar que la incredulidad retrocede ante el examen de los fenómenos psíquicos que se producen en todas partes, sin duda por temor a que en esos fenómenos surja el alma y la desmienta.
Ante estas palabras tan esclarecedoras, nada tengo que añadir sino invitar a su lectura y reflexión. Sí que querría cerrar este comentario respondiendo a una pregunta que muchas personas se hacen: en la mesa mediúmnica ¿se pueden preguntar a los Espíritus sobre el futuro? La respuesta la encontramos en el Libro de los Médiums (cfr. capítulo XXVI, punto 289). De nuevo, transcribo íntegramente los ítems más importantes:7. ¿Pueden los Espíritus revelarnos el porvenir?
“Si el hombre conociera el porvenir descuidaría el presente. Ese es un punto sobre el cual insistís reiteradamente, a fin de obtener una respuesta concreta. Se trata de un gran error, pues la manifestación de los Espíritus no constituye un medio de adivinación. En todo momento os decimos que si os obstináis en recibir una respuesta, os responderá un Espíritu frívolo.” (Véase El Libro de los Espíritus, “Conocimiento del porvenir”, § 868.)
(el subrayado es mío, para resaltar un conocimiento esencial del Espiritismo bien entendido).
8. Los Espíritus, sin embargo, ¿no anuncian en ocasiones, de modo espontáneo y verídico, acontecimientos que ocurrirán en el porvenir?
“Puede ocurrir que el Espíritu prevea cosas que juzga útil revelar, o que él tiene como misión dar a conocer. No obstante, en esos casos de debe desconfiar más aún de los Espíritus embusteros, que se divierten haciendo predicciones. Sólo el conjunto de las circunstancias permite reconocer el grado de confianza que esas predicciones merecen.”
9. ¿De qué clase de predicciones debemos desconfiar más?
“De aquellas cuyo objetivo no sea de utilidad general. Las predicciones personales pueden, en su mayoría, ser consideradas apócrifas.”
10. ¿Con qué objetivo los Espíritus anuncian espontáneamente acontecimientos que no se realizan?
“Por lo general lo hacen para divertirse con la credulidad, el terror o la alegría que provocan; posteriormente, se ríen de la decepción. Con todo, algunas veces, esas predicciones falsas tienen un objetivo más serio: el de poner a prueba a aquellos a quienes se les anuncian, a fin de ver cómo las toman, y la clase de sentimientos, buenos o malos, que generan en ellos.”
Conclusión
Os animo a cerrar este rato de estudio y oración pidiendo a nuestro Angel de la Guarda que nos guíe por el buen camino, que nos enseñe a vivir el presente, el hoy y el ahora, evitando caer en el afán de pretender conocer un futuro que está por hacer. Que así sea.



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