viernes, 9 de enero de 2026

Evangelio en el hogar. Hoy, viernes 9 de enero de 2026. Cómo orar.

 


Texto del Evangelio de hoy (cfr. Marcos 6, 45-52)

Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar.

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo.

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron.

Pero él habló enseguida con ellos y les dice: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo».

Entró en la barca con ellos, y amainó el viento.

Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.

Comentario espírita.

Voy a centrarme en una pequeña frase del anterior texto: "después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar". Tras un día de mucho trabajo, actividades, emociones (recordad el texto de ayer: Jesús estuvo enseñando a la gente, después organizó la comida compartida y por último gestiona las barcas para el desplazamiento de sus discípulos a Betsaida); después de todos esos afanes, no vemos a Jesús pensando -como pensaríamos muchos de nosotros- "ahora voy a descansar" o "voy a relajarme un rato contemplando el mar" o "voy a agendar las actividades de mañana". No; lo que piensa y hace es retirarse al monte a orar.

Me resulta muy curioso que, para mucha gente, hacer un rato de oración es una carga, como algo pesado, que nos resta energías o tiempo. Por el contrario, parece que Jesús nos transmite que uno puede acudir a la oración para descansar.

Ayer, en mi centro espírita, acudió una chica joven para hablar conmigo en la actividad de "atención fraterna" y me comentó que no sabía cómo hacer en su casa el "Evangelio en el hogar" y que, muchas veces, llegaba tan cansada del trabajo que no tenía ni ganas de pensar en abrir un libro. Precisamente, la aconsejé pensar en esa actitud de Jesús: tras un día de trabajo, "descansar en la oración". Después la sugerí hacer el "Evangelio en el hogar" como acostumbramos a enseñar en mi centro espírita aunque, sin duda, existen tantos métodos como personas se pongan a hacerlo. Os transmito la forma que usamos nosotros:

Dedicar a esta actividad en el hogar un día fijo y a una hora fija ya que, una vez que se toma la costumbre, es habitual ser acompañados por buenos Espíritus que acudirán a esa cita fija. Buscar un lugar de nuestra casa donde nos sintamos especialmente cómodos y tranquilos: la mesa de la cocina, nuestro dormitorio, tal vez una sala tranquila. Poner en la mesita un vaso de agua puesto que, al final de todo, va a ser agua fluidificada que nos servirá como remedio saludable para lo que podamos necesitar. Ponernos en presencia de Dios, pues, como hijos e hijas suyos que somos, nos acompaña siempre. Mental o vocalmente, pedir la asistencia de nuestro Angel de la Guarda y espíritus mentores con los que estemos familiarizados: quizá algún ancestro especialmente querido, protectores de nuestro hogar o, incluso, espíritus mentores de nuestro centro espírita. A continuación, abrir al azar el "Evangelio según en Espiritismo" y leer uno o dos párrafos sabiendo de antemano que vamos a leer "lo que nos conviene leer ese día". Tras su lectura, podemos dialogar mentalmente con los espíritus que nos asisten: pedirles luces para entender el párrafo leído, aplicar su lectura a circunstancias de nuestra vida, sacar propósitos de mejora, detectar errores que estamos cometiendo, pedir por personas necesitadas que conozcamos, etc. Por último, despedirnos de los espíritus agradeciéndoles su asistencia. Si lo consideráis, podéis anotar en una agenda las mociones que hayáis recibido, para recordarlas, y podéis tomar a sorbitos el vaso de agua fluidificada. Y ya está. La duración puede ser libre, pero no tiene por qué durar más de quince minutos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.