jueves, 8 de enero de 2026

Evangelio en el hogar. Hoy, jueves 8 de enero de 2026. Una comida compartida.

 


Lectura del Evangelio de hoy (cfr. Marcos 6, 34‐44)

En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas.

Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer».

Él les replicó: «Dadles vosotros de comer».

Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?».

Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver».

Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces».

Él les mandó que la gente se recostará sobre la hierba verde en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de cien y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres. 

Comentario espírita.

El texto anterior puede interpretarse bien literalmente y, por tanto, creer que se ha producido un milagro, en el sentido de modificación de la realidad material debido a una intervención sobrenatural, o bien alegóricamente y entonces, deberíamos extraer una enseñanza de la interpretación simbólica. (Ver comentario al respecto en el punto 48 del capítulo XV de La Génesis).

No nos importa demasiado una u otra interpretación. Me parece más interesante entresacar un par de enseñanzas del texto. Por un lado, llama la atención la delicadeza de Jesús hacia sus seguidores. Contrasta con los discípulos quienes, quizá con un sentido más práctico, habían propuesto que el público se dispersara para buscar comida. Jesús, por su lado, propone otra opción más familiar, más delicada: "compartamos la poca comida que tenemos". Resulta algo similar a cuando ahora nos reunimos un grupo de amigos, o hacemos una celebración en un centro espírita con comida compartida: siempre hay para todos y, además, sobra.

De esto último querría también hablar. Comieron, se saciaron y recogieron las sobras; no se tiró nada. Me parece un detalle de respeto con la Naturaleza, con el medio ambiente y con el sistema productivo que no se tiren las sobras. Es "muy de madre" o, mejor, de persona responsable, no tirar la comida sino recoger las sobras para aprovecharlas en otro momento.Tenemos aquí una gran enseñanza de "pobreza bien entendida", en el sentido de saber usar los bienes de una manera razonable.


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