jueves, 15 de enero de 2026

Evangelio en el hogar. Hoy, jueves 15 de enero de 2026. ¡Quiero!

 


Texto del Evangelio de hoy (cfr. Marcos 1, 40-45)

En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó, diciendo:

«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu, purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero, cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a el de todas partes.

Comentario espírita.

Voy a fijarme, simplemente, en un par de palabras que nos pueden ayudar a comprender mejor la forma de ser del maestro Jesús y, quizá, darnos pistas para aplicar todo ello a nuestra vida. Por un lado, tras la súplica del enfermo, se nos dice de Jesús que estaba "compadecido".

El diccionario de la Real Academia Española de la lengua, define "compadecerse" como:

  1. Sentir lástima o pena por la desgracia o el sufrimiento ajenos.
  2. Dicho de dos cosas o de una respecto de otra: Corresponderse o estar en consonancia.
  3. Conformarse o unirse.

Pero nos puede dar un sentido más afinado si atendemos al origen etimológico de esta palabra. Y así, compadecerse viene del latín compatior y está formado por el prefijo con- (junto, con) y la raíz pati (sufrir, padecer), significando literalmente "sufrir con" o "padecer junto a".

En este sentido, compadecerse no es una reacción pasiva ante un mal ajeno; es decir, no se trata de, a la vista de alguien que está enfermo o está preocupado, de pasar a su lado y limitarnos a pensar "pobre hombre" o "menudo planeta de expiación y pruebas". Mucho menos tener actitudes que pueden rallar en la hipocresía como sería pensar "a saber lo que habrá hecho en vidas anteriores". Al contrario, esas actitudes son poco humanas y, me atrevería a decir, muy poco espíritas, pues se acercan al cinismo. Sobre todo la última.

Ante alguien que lo está pasando mal, compadecerse es eso: padecer con él, alinearnos con su situación, comprenderla, escuchar y, si está en nuestras manos, poner algún tipo de remedio. Pero, ante todo, escuchar; realizar una "escucha activa": "oye, ¿qué te pasa? ¿cómo te sientes?" A veces, poco podremos aportar. especialmente si no somos médicos y el problema es de índole sanitario. En situaciones así, "compadecerse" pasa, simplemente, por "estar", por "escuchar" y, a lo sumo, transmitir que tendremos el problema de esa persona en nuestras oraciones. Conviene ser delicados: compadecer no es, tampoco, agobiar.

La segunda faceta de Jesús, es su respuesta pronto a la petición del enfermo. Dice "quiero". Es decir, no se anda con remilgos de "es que estamos en un planeta difícil" o "es que estoy cansado, que acabo de multiplicar cinco panes y dos peces para dar de comer a diez mil personas", o "mañana lo vemos, que ahora tengo que predicar". Para nada. Le dedica el tiempo que necesita para escuchar y da una respuesta rápida y directa: "quiero, queda limpio".

A veces, en el centro espírita, nos piden favores o nos hacen encargos: ocuparnos de una clase por falta del encargado habitual, que está enfermo; o dar una conferencia, o ir a abrir la puerta al equipo de limpieza porque olvidaron la llave, o dar pases el día que no nos toca. Pequeñas cosas, en realidad, pero que supone realmente un acto de caridad el responder como el Maestro: "quiero". No sólo en el centro espírita sino también con las tareas del hogar, nuestra labor profesional o quedar, para tomar café, con un amigo que hace tiempo que no vemos. ¡Quiero! es una respuesta, me atrevería a decir, revolucionaria en una época en que andamos tan ocupados y con tan poco tiempo.

Feliz jueves.

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