viernes, 23 de enero de 2026

Evangelio en el hogar. Hoy, viernes 23 de enero de 2026. Espiritismo con Jesús.

 


Texto del Evangelio de hoy. (cfr. Marcos 3, 13-19)

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.

E instituyo doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar demonios:

Simón, a quien puso de nombre Pedro, Santiago el de Zebedeo y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Comentario espírita.

¿Llegamos a un camino espiritual -el que sea- como resultado de una búsqueda a través del gran supermercado de religiones y espiritualidades que existen actualmente? ¿O llegamos, quizá, porque así lo habíamos elegido antes de encarnar? ¿O, como afirman tantos, llegamos porque hemos sido llamados, de una manera misteriosa desde la Espiritualidad, para trabajar aquí o allá? Ahí dejo estas preguntas.

Yo, sinceramente, no sé porqué llegué -y me quedé- a un centro espírita. Tal vez cada una y cada uno de vosotros tengáis vuestra propia historia en la que hubo un primer encuentro en plan "a ver de qué va esto", seguida de una sana curiosidad, quizá acompañado de algún signo casual -demasiado casual- que nos hacía sentir que "eso de comunicarse con los Espíritus no va a ser tan descabellado como parece", todo ello acompañado del comienzo de un estudio serio "para saber más" y de una sensación de resonar agradablemente con el resto de compañeros y compañeras del centro espírita. Finalmente, la decisión de "sí, esto me llama, satisface mis inquietudes intelectuales y espirituales, y sí, deseo dedicarme a esto". ¿El premio? No lo hubo o, si acaso, la afirmación humilde y gozosa de que somos mejor persona que antes o, al menos -y no es poco- lo intentamos. 

Pero fijaos, en todo centro espírita, basado por tanto en los libros codificados por Allan Kardec y tantas obras espíritas codificadas, hay un componente que nunca falta: Jesús, su vida y sus enseñanzas. Un "Jesús" no al estilo de tantas iglesias oficiales -sean católicas, anglicanas, ortodoxas o evangélicas-; no un "Jesús" edulcorado o pasional o enfatizado por las palabras carismáticas de un telepredicador. Para nada. Al contrario, un "Jesús" tranquilo, sereno, al que evocamos y en cuyo nombre abrimos los trabajos mediúmnicos o de enseñanza. Un "Jesús", al que se nos revela en El Libro de los Espíritus, que es un Espíritu Puro y el mejor ejemplo que el ser humano tiene de la bondad del Padre. Un "Jesús", en definitiva, del que escudriñamos sus enseñanzas y procuramos aplicarlas a nuestra vida cotidiana.

Por eso en el texto del Evangelio de hoy leemos que llamó a unos cuantos para, en primer lugar, que estuvieran con él. Y en segundo lugar, muy en segundo lugar, para que predicaran o divulgaran y trabajaran en asuntos varios, entre ellos, las tareas de desobsesión.

Feliz viernes.

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