Texto del Evangelio de hoy (cfr. Marcos 3, 7-12)
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él, y gritaban:
– «Tú eres el Hijo de Dios».
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Comentario espírita.
Algún otro día ya hemos comentado algo sobre las muchas veces que salen, en el Evangelio, las posesiones por "espíritus inmundos". Sin ser, ni mucho menos, el tema principal del Evangelio, sí es cierto que en aquella época debía ser algo más cotidiano de lo que parece. Y quizá, en nuestros tiempos, sucede lo mismo.
Hay una autora espírita brasileña que me gusta mucho; Suely Caldas Schubert se llama (bueno, desencarnó en 2021 pero, puesto que somos espiritistas, podemos seguir hablando de ella en tiempo presente). Esta mujer fue presidenta de su Centro Espírita durante muchos años, trabajadora en la mesa mediúmnica y autora de una veintena de libros de los cuales, lamentablemente, sólo uno o dos han sido traducidos al castellano. Uno de ellos se titula "Obsesión y Desobsesión" y su prólogo está dictado por el espíritu Manuel Philomeno de Miranda y psicografiado por el médium Divaldo Franco. Transcribo a continuación la introducción que, aunque es algo larga, no tiene desperdicio:
El problema de la obsesión es, cada vez, más grave, constituyéndose en una verdadera epidemia, que afecta a las multitudes sometidas a luchas tiránicas. No existiendo la muerte, en el sentido de destrucción de la vida, el Espíritu se cubre, como se reviste de la materia, con los valores que le son propios, y que son el resultado de sus particulares experiencias.
Amores y odios, afinidades y antipatías no se destruyen bajo la acción mágica de la desencarnación. Cada individuo continúa fuera de su cuerpo, actuando, de acuerdo a como vivió cuando se encontraba domiciliado en la materia.
Por esta razón, las atracciones espirituales, tanto simpatía como por aversión o rencor, vinculan afectos, uniendo a los adversarios en el proceso continuo de la vida. Los amores se subliman en el ministerio del auxilio recíproco, mientras que los odios hacen que las criaturas se consuman en incendios voraces, que son alimentados por el combustible de las pasiones inferiores.
No solamente el odio es responsable por la alienación, por la obsesión. Otros elementos del pasado y del presente espiritual de cada uno, constituyen la génesis vigorosa de ese rudo y necesario mecanismo de depuración para quienes delinquen... Amores salvajes, en los cuales prevalecen los instintos primitivos; intereses subalternos, que se atribuyen el derecho de dominio y posesión; envidias perniciosas, accionando los mecanismos de la destrucción; celos mórbidos que acompañan a aquellos que padecen dominios, insaciables; calumnias y traiciones, que dormían ignoradas y la desencarnación las despertó; el afán desmedido de poseer y la torpeza que conlleva a la locura de continuar arremetiendo contra quienes le amenacen la mezquindad; orgullos exaltados y desconfianza felina en dementes conciliábulos; toda una vasta y variada gama de motivos, injustificables, se hacen responsables por las venganzas perturbadoras que atormentan, separan, anulan o conducen al suicidio a un gran número de incautos, que uno, nunca se imagina.
Mecanismos obsesivos hay, que se transfieren de una existencia para otra -- prosiguiendo sin interrupción en el proceso desencarnaciónreencarnación -- en donde los litigantes cambian solamente de posición -- víctima-verdugo, atormentado-atormentador --, sin que se desvinculen de la intriga del mal en el que se enredan, hasta que las Soberanas Leyes intervengan a través de la necesaria expiación, que a ambos liberará.
Pululan, por esta razón, en gigantesco y multiforme cuadro, los desvaríos por obsesión. Empeñarse por minimizarle los efectos desastrosos en la comunidad, socorriendo a las criaturas en ese penoso y obligado estado, es tarea de todos nosotros, desencarnados y encarnados.
Iluminar las conciencias con las directrices superiores de la Doctrina Espírita, como terapia preventiva, es, al mismo tiempo, sanadora para los que sufren las dificultades del momento; aplicarse la psicoterapia del pase, del agua magnetizada, el esclarecimiento evangélico; ayudarse con la desobsesión directa; en algunos casos recomendarse la asistencia especializada de la Medicina, son medidas que no deben, ni pueden ser olvidadas.
Aparecerán los trabajadores, para atender a un problema de urgencia, para el cual están convidados todos, especialmente los que se enfilan en las huestes del Espiritismo con Jesús y que han tomado conocimiento de las técnicas y lecciones doctrinarias respectivas para tan grave enfermedad del alma.
Con estas consideraciones, saludamos, este libro como pedido vehemente y oportuno para el estudio, entendimiento y toma de posición ante el problema, rogando a Jesús que bendiga a su autora y a todos aquellos trabajadores encarnados y desencarnados que la auxiliaron en la elaboración del oportuno trabajo del que ahora nos enriquecemos, para el servicio del bien.
MANUEL PHILOMENO DE MIRANDA (Página psicografiada por el médium Divaldo P. Franco, el 20-07-1980, en el Centro Espírita "Camino de Redención, en Salvador, Bahía.) .
(En la foto superior, Divaldo P. Franco junto a Suely Caldas Schubert)

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