Lectura (cfr. Mateo 18, 12-14)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
Comentario espírita.
En la mesa mediúmnica, que semanalmente organizamos en nuestro centro espírita, con frecuencia se presentan espíritus que, en su día, "pasaron al otro lado" en una situación muy lastimosa: muchos habían vivido muy apegados a la materia, lo que les había ocasionado una forma de vida llena de defectos tales como egoísmo, orgullo, racanería, avaricia o, incluso, situar los placeres de la vida, que de por sí son buenos, en un lugar equivocado por haberlos exaltado o abusado de ellos, ocasionando, igualmente, una vida de alcoholismo, gula, sexo desenfrenado y desequilibrado; por no hablar de errores más graves como una vida de mentiras, violencia, etc. En la misma línea, no son pocos los espíritus que "desencarnan" sin tener consciencia de ello y viven "en el otro lado" como si siguieran viviendo en este plano, aunque les resulten curiosas algunas manifestaciones extrañas como que nadie ya les saluda y cambian las modas, tiempos y formas. En todo caso, como normalmente han vivido muy centrados en sí mismos, no le dan mayor importancia, por lo que siguen como antes aunque, eso sí, en estado lamentable, pues no son felices.
A estos espíritus, digamos, "sufrientes", los otros Espíritus, los "de conocimiento", o espíritus de mayor elevación moral, no les califican de "sufrientes", "imperfectos" ni mucho menos de "malos". Con una extrema caridad, se suelen referir a ellos como "los pequeñitos". Y esto me lo ha recordado ese párrafo de la lectura que acabamos de hacer: «no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
Y es que, el Espiritismo "bien entendido", tal como procuramos estudiarlo y practicarlo en nuestro centro, es decir, sobre la base de los cinco libros de la codificación de Allan Kardec, y tantas otras obras complementarias obtenidas por médiums honestos y, sobre todo, confrontadas con la lógica, la filosofía y la moral; como decía, el Espiritismo sólo tiene una función: ayudar. Ayudar a los "pequeñitos", a esos espíritus necesitados que se presentan en la mesa mediúmnica y necesitan ser esclarecidos para que salgan de círculo de sufrimiento y continúen su progreso; pero también ayudar a los que aún estamos encarnados por medio del estudio, clases, conferencias que les ayuden a tener un mejor conocimiento de la situación post-mortem propia del ser humano. También transmitiendo buena energía por medio de los pases energéticos en los que son los Espíritus mentores de la Casa los que realmente transmiten su fuerza; mediante el agua fluidificada, lo que explica que tantas personas acudan al centro espírita con una botella de agua, etc.
Muchos de nosotros y nosotras hemos sido una oveja perdida debido a cientos de situaciones. Y, cuántas veces, podemos dar fe de que un buen pastor, a veces espiritual, se acerca a nosotros y nos vuelve a reorientar en nuestro camino, o nos sana nuestras heridas, o nos da de beber el agua del conocimiento, o nos enseña que nuestro lugar no está en solitarios apriscos sino con otros compañeros y compañeras cuidando de ellos y preocupándonos de que también sigan su camino.

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