martes, 2 de diciembre de 2025

Evangelio en el hogar. Hoy, martes, 2 de diciembre de 2025. Alegría.

 


Lectura del Evangelio (cfr. Lucas 10, 21-24).

En aquella hora Jesús se llenó de alegría en el Espíritu Santo y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.

Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».

Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

Comentario espírita.

Hay dos puntos que me han llamado hoy la atención y que querría comentar con vosotros y vosotras. El primero, es que "Jesús se llenó de alegría", es decir, estaba alegre. Jesús era una persona alegre, tal como se ve en distintas partes de los Textos: estaba alegre en el episodio de las Bodas de Caná, o cuando se muestra a Jesús eufórico al ver regresar a sus discípulos con éxito a una misión que les envió o cuando comparte la alegría de la revelación del "reino de los Cielos" pidiendo a sus amigos "alegraos porque está cerca el reino". Hoy, de nuevo, en el párrafo transcrito, se habla de alegría, y es muy llamativo porque, contrariamente a lo que mucha gente piensa, Jesús no es un cenizo o un aguafiestas que nos impide disfrutar al imponernos una rígida moral. Para nada. Y, el Espiritismo en concreto, nos recuerda que comunicarnos con la Espiritualidad, y llevar ese conocimiento a nuestra vida cotidiana, debe de ser una fuente de alegría. Por eso los centros espíritas son lugares alegres, donde los asistentes hablan, se saludan, se preocupan unos por otros, se discute sí, pero desde la confrontación de pareceres y con ánimo de construir.

El segundo punto está relacionado con las subsiguientes palabras del Maestro en las que eleva una acción de gracias al Padre y dice "has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los humildes". Esta afirmación me hizo pensar en una socia de nuestro Centro Espírita, cuyo nombre obviamente no diré. Se trata de una mujer muy mayor, que lleva en el Espiritismo unos veinticinco años, por lo que ha leído mucho, ha estudiado, asistido a conferencias y trabajado en la Asociación. Esta mujer, a pesar de su notable experiencia y conocimientos, no habla, sólo escucha con una sonrisa de satisfacción ante las palabras de los demás. Normalmente, se sienta en un lugar apartado en silencio pero, eso sí, en las conversaciones privadas con ella, siempre tiene un consejo adecuado, una palabra de ánimo, una sonrisa humilde. En su discreción, es sin embargo, una pieza básica.

Y es que el Espiritismo -o tercera Revelación, en palabras de León Denís-, que revive las palabras del Evangelio, también se dirige especialmente a los pequeños y humildes quienes, por cierto, lo comprenden y viven mejor que los "sabios y entendidos". No deja de ser curioso que, cuando vemos un programa de televisión de esos que llaman "del misterio", o un podcast que trata de lo sobrenatural o paranormal, y a los que suelen invitar a psiquiatras, historiadores, antropólogos, periodistas o físicos, sí, hablan muy bien, con palabras muy técnicas y precisas pero, al final, nos dejan como fríos... no terminan de explicar la realidad "post-mortem", ni la naturaleza espiritual del ser humano ni, mucho menos, la capacidad altruista del hombre o de la mujer, capaz de ayudar sin pedir nada a cambio. ¡Gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas -la mediumnidad, entre ellas- a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños y humildes!

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