Texto del Evangelio de hoy (cfr. Mateo 11, 2-11)
En aquel tiempo, Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó preguntar por medio de dos discípulos: "¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?"
Jesús les respondió: "Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de la lepra, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso aquel que no se sienta defraudado por mí".
Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan: "¿Qué fueron ustedes a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? No. Pues entonces, ¿qué fueron a ver? ¿A un hombre lujosamente vestido? No, ya que los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, yo se lo aseguro; y a uno que es todavía más que profeta. Porque de él está escrito: He aquí que yo envío a mi mensajero para que vaya delante de ti y te prepare el camino. Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él".
Comentario espírita.
Nuestros hermanos y hermanas que profesan las tradiciones cristianas de tipo católico, anglicano y ortodoxo, celebran a partir de este domingo, la tercera semana de adviento, expresando en sus oraciones y lecturas cierto apremio por renovar el recuerdo de la encarnación en nuestro Planeta de un Espíritu Puro, del Maestro Jesús. Podemos imaginar que, a diez días del parto, su madre, María, se movería ya con dificultades imaginando e ilusionándose por "qué será de este niño". Como todas las madres, probablemente.
Pero en la lectura de hoy, deseo fijarme en la figura del primo de Jesús, del profeta Juan, al que han puesto por sobrenombre "el Bautista". Voy a transcribir, por su delicadeza, un texto que leyó el ya desencarnado papa Francisco de quien, por cierto, se ha desvelado en alguna mesa mediúmnica que ha sido la reencarnación de San Francisco de Asís. Este dato no lo puedo confrontar de momento, y lo siento, aunque hay indicios, más allá del mismo nombre, que lo hacen posible, como es la fuerza profética de ambos, el hecho de denunciar a los grandes y poderosos, o el cariño e interés en predicar un cuidado de la Naturaleza y de nuestra "casa común": el planeta Tierra. Escribe Francisco:
"Juan, al oír hablar de las obras de Jesús, le asalta la duda de si realmente es el Mesías o no. El texto subraya que Juan se encuentra en la cárcel, y esto, además de en el lugar físico, hace pensar en la situación interior que está viviendo: en la cárcel hay oscuridad, falta la posibilidad de ver claro y ver más allá. De hecho, el Bautista ya no logra reconocer Jesús como Mesías esperado. Está asaltado por la duda y envía a los discípulos a verificar: “Id a ver si es el Mesías o no”. Pero esto significa que también el creyente más grande atraviesa el túnel de la duda. Y esto no es un mal, es más, a veces es esencial para el crecimiento espiritual: nos ayuda a entender que Dios es siempre más grande de cómo lo imaginamos; las obras que realiza son sorprendentes respecto a nuestros cálculos; su acción es diferente, siempre, supera nuestras necesidades y nuestras expectativas; y por eso no debemos dejar nunca de buscarlo y de convertirnos a su verdadero rostro. Así hace el Bautista: ante la duda, lo busca una vez más, lo interroga, “discute” con Él y finalmente lo descubre. Juan, por esta forma de ser, es definido por Jesús como el mayor entre los nacidos de mujer". (Papa Francisco, Ángelus, 11 de diciembre de 2022).

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