Un hecho histórico documentado por una publicación médica.
La reina Isabel II de Borbón reinó en España desde 1833 -con sólo 3 añitos, bajo la regencia de su madre, María Cristina De Borbón-Dos Sicilias, hasta 1868, en que se produjo la Revolución conocida como “La Gloriosa” y que supuso el exilio de la Familia Real a París.
Durante su reinado, y como era habitual entre los monarcas españoles, la Corte tenía su sede en el Palacio Real de Madrid, pero solía itinerar, a lo largo del año, trasladándose a otros distintos palacios conocidos como “los Reales Sitios”, entre ellos, el palacio de La Granja de San Ildefonso o el palacio de Aranjuez. Pues bien, fue en Aranjuez que le sucedió un episodio a la Reina, directamente relacionado con el Espiritismo, y del que se hizo eco la prensa.
Y es que, en una edición de 1853 de un periódico de divulgación científica llamado “El Heraldo Médico”, se publicó un interesante artículo sobre la asistencia de la Familia Real española a una sesión del incipiente espiritismo que, entonces, se manifestaba del modo de efectos físicos y, en concreto, de mesas giratorias, también llamadas mesas parlantes. Transcribo a continuación el artículo:
«Habiéndose realizado en la noche del 8 de mayo de 1853, por una familia residente en Aranjuez, los experimentos magnéticos llamados “mesas giratorias” (…) S. M. la reina Isabel, que supo a los pocos momentos su buen éxito, quiso presenciar su repetición al día siguiente. Para presenciar todo esto, SS. MM. la reina Isabel y su consorte D. Francisco de Asís, duque de Cádiz, así como S. A. R. la Princesa de Asturias Dña. María Isabel, todos ellos con sus respectivas servidumbres, fueron a las 5 de la tarde a la casa de recreo, llamada del Labrador, adonde concurrió también invitada S. M. la Reina Madre, Dña. María Cristina Borbón Dos Sicilias, acompañada del Dr. Rubio. Por altos miramientos y precaución prudentísima no tomaron parte alguna en estos experimentos, ni S. M. la reina Isabel, ni el ama de cría de la augusta Princesa. Todo se hizo por los demás circunstantes, dignándose S. M. de llamar a su presencia a los caballerizos de campo y oficiales de las escoltas para que viesen lo que nunca habían visto o experimentasen en sí mismos los efectos de la cadena magnética que sobre ellos hacían sus compañeros. La marcha de progresión, en ambos rumbos, del girar de las mesas tuvo el éxito más completo. SS. MM. se retiraron a su real palacio agradablemente sorprendidos ya bien entrada la noche».
Esto es histórico y verídico y, como podemos suponer, la celebración del evento en uno de los salones de la Casa del Labrador, que aún hoy se puede visitar en los jardines del palacio real de Aranjuez, y de la asistencia de reyes, infantas, oficiales y doctores, elimina cualquier posibilidad de fraude.
El fenómeno de las mesas parlantes.
Este acontecimiento sucedido en el Palacio de Aranjuez se produjo un año antes de que el propio Allan Kardec (codificador del Espiritismo) se interesara por estas mesas parlantes o mesas giratorias. Y es que la moda de las reuniones sociales en torno a estas mesas corrió como la pólvora por toda Europa y, como es natural, la prensa se hizo fiel eco e, incluso, en muchas novelas se describían estas reuniones como algo habitual en los salones de la Aristocracia. Buena prueba de ello es que en dos de las principales novelas del escritor ruso, Leon Tolstoi, en concreto en Ana Karenina y en Guerra y Paz, se relata una reunión mediúmnica en torno a una mesa giratoria en salones de ciertos palacios aristocráticos de San Petesburgo, Rusia.
Otro testimonio de la veracidad de esta incipiente mediumnidad de efectos físicos por medio de las mesas parlantes nos lo ofrece otro escritor, Victor Hugo. Este autor, de nacionalidad francesa, se autoexilió en las llamadas Islas del Canal, como protesta contra el golpe de Estado que había dado en Francia Napoleón III, haciéndose coronar emperador. Victor Hugo, fiel a sus ideas democráticas y republicanas, se fue a vivir a la isla de Jersey y allí, conoció a una médium que hacía uso de este sistema de mesas giratorios.
Escéptico al principio, Victor Hugo se llevó la sorpresa de que su hija Leopoldine, fallecida unos meses antes, se presentó dando datos y un estilo que hizo que su padre la identificara indubitadamente como ella, como su hija. En esta comunicación del espíritu de Leopoldine, la conversación con su padre, Víctor Hugo, fue así:
- ¿Cómo te sientes? –Feliz, en paz.
- ¿Qué hay en el sitio donde te encuentras? - Luz, Vida, Verdad.
- ¿Qué hay que hacer para llegar a ese sitio? -Amar.
Ese momento marcó el interés de Victor Hugo por el Espiritismo al punto de que editaría un libro titulado “Lo que dicen las mesas parlantes”. Y la propia obra de este escritor sería a partir de ese momento más espiritual, más elevada, escribiendo pensamientos tan inspirados como ese que dice: “hay algo más grande que el océano, y es el cielo; pero hay algo más grande que el cielo, y es el espíritu humano”. ¡Sublime!
Pero volvamos a retomar el hilo: ¿qué es realmente una mesa de este tipo?
Las mesas giratorias, también denominadas mesas parlantes o danzantes, es un tipo de sesión espiritista en la que los participantes se sientan alrededor de una mesa, colocan las manos sobre ella y esperan a que gire. Pero lo importante es que, desde el principio, se entendió que no estábamos ante un mero fenómeno físico, sino que detrás había un principio inteligente. Es por ello que se entendió que las Mesas Giratorias podrían ser un instrumento para consultar a los Espíritus.
Quédense con el párrafo que he subrayado anteriormente pues es lo que diferencia al Espiritismo "bien entendido", de los grupos de "cazafantasmas", podcasts de divulgación o dudosos programas de TV. En el Espiritismo no nos quedamos en el fenómeno, sino que indagamos los motivos prácticos, razones y, con ellas, la reforma moral que se exige a quien lo practica ya que, entre otras consideraciones, o se practica para ayudar desinteresadamente o es un fiasco. Pero volvamos al hilo de la historia:
Esta incipiente manera de mediumnidad era habitual en el siglo XIX y se denomina “mediumnidad de efectos físicos”, sirviendo para que las personas despertaran a las posibilidades del Espiritismo. Este sistema tenía la ventaja de su objetividad, (una vez que los participantes tomaban precauciones para cerciorarse de que no era un fraude), pero la desventaja de su lentitud. Imaginaos: las frases se formaban con golpes de la mesa, asignándose un golpe a la letra a, dos golpes a la b y así sucesivamente…. Como en la frase hubiera varias z, uno se tendría que armar de paciencia, claro.
Con el correr del tiempo, ya avanzado el siglo XX, así como en la actualidad, por razones de eficacia, es decir para aligerar un poco las comunicaciones, los propios Espíritus han dejado de lado el uso de esa mediumnidad de efectos físicos por una mediumnidad más mental e intelectual basada en la incorporación, la psicografía, la intuición, etc.
Como habréis oído, el origen parece ser que estuvo en Estados Unidos donde, tras los acontecimientos de Hydesville protagonizados por las Hermanas Fox, se dio una auténtica explosión de personas, (algunas honestas y otras aprovechadas), en investigar estos fenómenos. El salto a Europa se dio, en palabras de la Gaceta de Augsburgo, ciudad de la actual Alemania, de 1853 debido al envío por parte de un comerciante de Nueva York a su hermano residente en Bremen de unas instrucciones para reproducir las manifestaciones físicas que eran ya tan comunes en América. El tal hermano las puso a su vez en conocimiento de un tal Dr. Andrée y ambos determinaron poner en práctica el experimento y leo textualmente la traducción del alemán del artículo citado de prensa «consiguiendo a las primeras tentativas hacer girar una mesa de caoba del peso de sesenta libras (unos 28 kilos) por medio de una cadena formada por ocho personas, de las cuales tres eran hombres y cinco mujeres de la edad de 16 a 40 años. El movimiento de rotación de la mesa llegó a hacerse tan rápido que apenas podían seguirle las personas que formaban la cadena, hasta que tocándose entre sí con los brazos o con la ropa la mesa quedó inmóvil, no sin volver a tomar su primitivo movimiento tan luego como volvieron a aislarse entre sí los primitivos operadores»
Este tipo de sesiones las conocemos también gracias a estudios como el de Sir Arthur Conan Doyle, el creador del personaje y novelas de Sherlock Holmes quien, además, estaba muy interesado en el estudio del ocultismo, masonería y, después, en el Espiritismo. De hecho, tenemos un magnífico estudio suyo titulado “Historia del Espiritismo”, publicada en 1926.
Llegamos así a 1854, año en que Allan Kardec se interesó por este tipo de fenómenos; pero esto será tema de otro artículo.
(Artículo del autor del blog, extraído de sus apuntes redactados para la conferencia dada en la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid el día 4 de julio de 2025 y que puede verse íntegramente en la cuenta de You Tube del mencionado Centro Espírita). Ver aquí.



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