Lectura del Evangelio (cfr.Lucas 1, 46-56)
En aquel tiempo, María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: “su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” – como lo había prometido a “nuestros padres” – en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.
Comentario espírita.
El párrafo transcrito se sitúa a continuación de la anunciación del ángel a María, en que ésta, conociendo la situación de "embarazo de riesgo" de su prima Isabel, acude a casa de ésta, donde permanece tres meses ayudándola, acompañándola, cuidándola.
Llamamos mediumnidad a la capacidad de comunicarnos con el mundo espiritual. De acuerdo con el Libro de los Médiums, de Allan Kardec, hay muchos tipos de mediumnidad, unos noventa, siendo los más conocidos la psicografía, la mediumnidad auditiva, la parlante, la la inspiración, la intuición, etc. En este sentido, la anunciación del ángel -que no es, ni más ni menos, que un espíritu puro- es un acto de mediumnidad, en términos actuales.
Lo interesante del texto arriba transcrito es que María, tras recibir su comunicación, no se queda quieta en casa regodeándose de su capacidad mediúmnica o del favor que ha recibido de la Espiritualidad. Mucho menos aún, en ningún momento se pone a pregonar que el médium, con los ojos en blanco. Para nada. Sencillamente, continúa desempeñando su vida cotidiana y, cuando tiene ocasión, acude allí donde se la necesita; en este caso, a cuidar a su prima.
En nuestro centro espírita, siguiendo escrupulosamente la tradición espiritista iniciada por Allan Kardec y los grandes espíritas como Miguel Vives, Amalia Domingo Soler, José María Fernández Colavida, o Torres Solanot, mantenemos que el único fin de la mediumnidad es el de servicio a los demás. Nunca, nunca, usamos, ni aconsejamos usar, la mediumnidad con un fin de lucro -como hacen tantos "médiums de mesa camilla y lector de tarjetas de crédito"-, ni con un fin de fama, que se encargan mucho de decir que son médiums para ganar "likes" en sus redes sociales o salir en dudosos programas de TV. Y todo esto por una razón básica: los protagonistas de una sesión mediúmnica no son los médiums, sino los Espíritus. El médium es un instrumento, un agente pasivo; pero el trabajo real es de los Espíritus a los cuáles no podemos remunerar ni con dinero, ni con "likes" en un perfil. En todo caso, a los Espíritus se les puede agradecer su trabajo mediante una reforma moral del propio médium, que debería tener cada vez vibraciones más elevadas debido a ser, con el tiempo, una mejor persona, honesta y persona de bien.
En los centros espíritas la mediumnidad es instrumento de servicio. Se procura con ella ayudar a espíritus que, muchas veces, no saben siquiera que han desencarnado o, si lo han hecho, se han ido cargados con errores de una vida o apegos excesivos a la materia. Pero también se ayuda a personas encarnadas, que acuden al centro espírita con dudas, sufrimiento, duelo inconsolable por seres queridos que han partido... y se les procura escuchar, acompañar, atender.
Si nos paramos a pensar, el Espiritismo bien entendido es una bendición que puede dar sentido a nuestra vida de la forma más plena: la de cuidar a los demás.

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