Lectura del Evangelio de hoy (cfr.Mateo 1, 18-24)
La encarnación de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros»».
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.
Comentario espírita.
Una profecía protagoniza el texto transcrito: el oráculo divino pronunciado por el profeta Jeremías referida a un un descendiente del rey David. Esta revelación divina, unida a otras muchas alusiones en el Antiguo Testamento, hizo que durante siglos el pueblo judío esperara la aparición mesiánica como un gran gobernador. Pero su reino “no es de este mundo” (cfr., Jn 18,36). En el siglo I, los judíos esperan al Mesías Rey como libertador del yugo romano. En varias ocasiones, viendo los prodigios y el liderazgo evidente del nazareno, los judíos quisieron coronarle como rey, lo que Jesús evitó: y es que, no era una revolución social lo que traía, sino la salvación a la humanidad; la II Revelación, en términos espíritas. Por eso, muchos judíos quedaron decepcionados: esperaban el Reino de Dios traído por Jesús como algo visible, socialmente estructurado, institucionalizado… y encabezado por él.
Leamos un comentario que me ha parecido interesante y que la espiritualidad nos hace, recogida en uno de los libros de la codificación espiritista de Allan Kardec, el Evangelio según el Espiritismo (cfr. capítulo 2, "mi reino no es de este mundo"):
El espiritismo ha venido a completar, en ese punto como en muchos otros, la enseñanza de Cristo. Lo hizo cuando los hombres se han mostrado lo suficientemente maduros para comprender la verdad. Con el espiritismo, la vida futura ya no es un simple artículo de fe, una hipótesis, sino una realidad material demostrada por los hechos; porque son los testigos oculares los que vienen a describirla en todas sus fases y en todos sus detalles. Así, no sólo ya no es posible la duda, sino que hasta la inteligencia más común puede representarse la vida futura en su verdadero aspecto, del mismo modo que nos representamos un país acerca del cual se lee una descripción detallada. Ahora bien, esa descripción de la vida futura es tan pormenorizada, y las condiciones de existencia, feliz o desdichada, de los que se encuentran en ella son tan racionales, que resulta forzoso decir que no puede ser de otro modo, y que constituye realmente la verdadera justicia de Dios.

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